Por su especial relevancia para obtener los resultados deseados en una competición nos detendremos en una de las variables conocida como ACTIVACIÓN FISIOLÓGICA, pues su adecuada regulación en las diferentes fases de una competencia (antes, durante y después) resultará fundamental en orden a conseguir las metas de realización y resultado para la misma.
Resulta obvio que para alcanzar tales objetivos el deportista debe saber identificar primero cuál es su nivel óptimo de activación y en segundo lugar aprender a situarlo en ese punto atendiendo a los diferentes momentos de la competencia.
Así la psicología deportiva puede proporcionar al deportista las herramientas necesarias previo aprendizaje y dominio de las mismas para lograr este control.
Entre estas técnicas psicológicas se encuentran las de relajación, detención del pensamiento, auto instrucciones y las versadas en exposición (desensibilización sistemática e inundación) a estímulos potencialmente estresantes presentes en las distintas fases de la competición, consiguiendo con ello no solo regular esta variable psicológica (arousal), sino también, poner, gracias a ello, el foco atencional (interno y reducido) del competidor a los estímulos relevantes y de interés de la prueba competitiva, logrando los objetivos propuestos para la competencia, haciendo sentir al deportista un sujeto más capaz (AUTOCONFIANZA) a la hora de afrontar (MOTIVACIÓN) de manera adaptiva todas estas circunstancias estresantes, en resumidas cuentas MEJORANDO SU RENDIMIENTO PERSONAL.


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